Foro
No te fies
Hola, foreros.
Hoy no vengo a contaros una historia de curvas perfectas ni de escapadas al amanecer. Vengo a compartir una de esas lecciones que solo se aprenden con el culo en el asiento y los nudillos blancos en el manillar. Una reflexión hecha de aluminio, neumático y algo de soberbia —esa que nos entra cuando creemos que ya lo hemos visto todo sobre dos ruedas.
Hablemos de seguridad, de tecnología y de esa delgada línea que separa lo que la moto puede hacer de lo que el piloto cree que puede hacer con ella.
Mi protagonista no soy yo. Soy solo un testigo con más de cien mil kilómetros a mis espaldas, repartidos entre carreteras nacionales, senderos de ripio, atascos urbanos y algún que otro puerto de miedo. Hoy, sin embargo, conduzco a la 900DSX: una moto polivalente, diseñada para ir “un poco por todas partes”. Cumple bien en carretera, se defiende en ciudad, y si hay que meterse en un camino de tierra, no protesta. Pero también es cierto que no brilla en ninguna disciplina. Compañera de viaje fiable, pero ...
Y ahí está el primer engaño: es tan seductora que te hace creer que todo está bajo control.
Rodar en la zona media del cuentakilómetros es un placer. El motor empuja con suavidad, el chasis transmite sensación de solidez y el asiento… bueno, de el asiento ya hablaremos. Pero cuando el aburrimiento pica y decides apretarle la oreja —sí, esa expresión tan nuestra que significa soltar el alma del acelerador y entregarse al viento—, la cosa cambia de registro.
De pronto, ya no estás conduciendo. Estás pilotando.
Y pilotar la Perla Negra a 15* o 16* km/h por una carretera de curvas no es lo mismo que pilotar una deportiva ligera Aquí cada movimiento cuenta el doble. El peso, las inercias, el centro de gravedad elevado… todo conspira en tu contra si bajas la guardia ni medio segundo. El control de tracción entra, los neumáticos cantan, el ABS se tensa, y tú, en medio del vórtice de la curva, confías ciegamente en que la electrónica te salvará.
Pues bien: puede que no lo haga.
En concreto, quiero advertiros de algo que me pilló por sorpresa, y que pocos mencionan: el Quick Shift —de subida y de bajada—. Suena a maravilla, ¿verdad? Cambios sin soltar el gas, reducciones instantáneas sin tocar el embrague… todo muy moderno, muy pulido. Pero no olvidemos que es un apaño electrónico, no un sexto sentido.
Imaginad esta escena: bajada pronunciada, curva cerrada al final, te lanzas con confianza porque “lo controlas todo”, pisas la palanca para reducir… y nada. O peor: una respuesta escalonada, incompleta, desfasada. En ese instante, con más de 300 kilos inclinados en el vértice mismo de la elipse, sin retención motor suficiente y contando solo con el freno… estás perdido. Literalmente.
La tecnología no sustituye al instinto.
El peso no se negocia con el ABS.
Y el Quick Shift, por muy bien programado que esté, no piensa como tú.
La 900DsX es una máquina admirable. Pero como todas las cosas buenas, exige respeto. Y a veces, el mayor peligro no es la carretera, ni el tráfico, ni el clima… es la falsa sensación de que todo está bajo control.
Por eso, y por experiencia propia: no te fíes.
¿Vosotros qué decís? ¿Habéis tenido algún encontronazo con la electrónica en un momento clave?
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